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¿ES TU CONEXIÓN LO SUFICIENTEMENTE RÁPIDA PARA TI?

A veces nos dejamos llevar por las muy bien publicitadas ofertas de las operadoras que prometen altísimas velocidades de conexión vía Wi-Fi o Fibra Óptica. Lo cierto es que, dependiendo de para qué vayamos a usar Internet, es posible que con bastante menos sea suficiente, o bien todo lo contrario, que con la velocidad contratada no tengamos ni para empezar. Sin embargo, hay veces que culpamos a nuestra conexión de una mala experiencia y no se trata de nuestra potencia, sino de una mala gestión de los servidores por la otra parte. Veamos pues algunos puntos claves para saber si se trata de nosotros o de ellos.

Para empezar, veamos cuánta velocidad nos llega desde nuestro router. Es posible que al domicilio nos llegue toda la potencia contratada, pero sólo hasta el router, y este sea demasiado obsoleto como para dirigirla a nuestros diferentes dispositivos, en cuyo caso existen dos soluciones: solicitar un router más nuevo al proveedor o comprar un amplificador de señal.

También hay que tener en cuenta que el hecho de que un sitio o servicio nos funcione mejor o peor no tiene que depender necesariamente de la conexión a internet. El procesador, la memoria RAM o incluso el espacio disponible en disco pueden tener la culpa de que una webapp no dé más que sí. A veces, si la conexión es excelente, podremos seguir utilizando dispositivos que dábamos por perdidos para ver vídeos de YouTube o escuchar música en streaming.

La velocidad de descarga de archivos, ¿puede darnos pistas o no? Nuevamente, depende del tipo de descarga. Si es una descarga directa, por ejemplo de un instalador, o de un archivo adjunto, se ejecutará a la máxima velocidad que permita nuestra conexión, pero si por el contrario es P2P o vía torrent, poco tendremos que aportar, a veces será cuestión de paciencia esperar a que la descarga finalice a pesar de tener contratados 100 MB simétricos. Lo que sí pude darnos una referencia es la velocidad de subida, bajada y sincronización de nuestras cuentas de almacenamiento en la nube tipo Dropbox. Sobre todo en la subida, notaremos muchísimo una óptima y estable conexión a internet.

Lo mismo sucede con ciertos servicios de vídeo en streaming. Si bien reproducir una película sin cortes es la mejor señal de que nuestra conexión es digna de envidia, a veces si se pausa constantemente no será culpa nuestra. Netflix por ejemplo puede presumir de ofrecer una estabilidad férrea en su streaming, pero HBO a veces da fallos y en su momento Yomvi también tenía sus días malos. Pero por norma general, si no somos capaces de ver sin interrupciones un vídeo en streaming es porque nuestra conexión no es de buena calidad. Un truco: YouTube tampoco suele fallar, así que comprobarlo con un vídeo en Full HD puede ser interesante.

Los juegos en línea también nos revelarán si gozamos de una buena conexión. Aparte de los requerimientos de cada juego para funcionar de manera óptima, si sufrimos lag jugando online, casi seguro que es culpa de la conexión. Juegos en vivo como el Blackjack con crupieres reales,o ajedrez en vivo serán más efectivos para comprobarlo que una videoconferencia de Skype o de WhatsApp, en las que nuevamente interviene también la conexión del otro.

Hay páginas o herramientas que requieren la carga de un gran número de datos como pueden ser los mapas con diferentes capas o navegadores a los que hemos instalado demasiadas extensiones. Aquí, la simplicidad es la clave, y si vemos que la conexión no puede, deberemos desactivar algunos elementos o, sencillamente, contratar una tarifa que ofrezca mayor velocidad.

Al hilo de este tema, siempre podemos acudir a herramientas para descubrir si una web no nos funciona a nosotros o le sucede lo mismo al resto del planeta. Un recurso interesante para cuando necesitamos saberlo urgentemente.

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